Pamplona: 3ª de San Fermín
Sólo cinco semanas después de su alternativa en Madrid,, debut sobresaliente en sanfermines del torero de Albacete, capaz, inteligente y valiente con dos graves toros
Pamplona, 7 jul. (COLPISA, Barquerito)
Pamplona. 3ª de San Fermín. Lleno. Soleado, ventoso, más primaveral que veraniego.
Seis toros de Alcurrucén (hermanos Lozano). Corrida muy astifina y de serio cuajo. De espléndido porte el primero, que estaba para cumplir los seis años. De hechuras, juego y condición desiguales, casi todos acusaron el resabio del encierro: distracciones impensadas, galopes locos de salida. Se emplearon con aire bueno el primero y el sexto. Muy sangrado, se paró el segundo, que fue noble. Se aplomó un tercero de corto viaje. De pobre nota un cuarto manso. Destartalado, el quinto, berrendo y barrigón, se dejó sin darse.
Luis Bolívar, de rojo escarlata y oro, silencio y silencio tras un aviso. Salvador Cortés, de azul turquí y oro, silencio tras dos avisos y silencio tras aviso. Miguel Tendero, de blanco y oro, que sustituyó a El Fundi, silencio tras un aviso y una oreja.
Lo de Miguel Tendero en Pamplona fue llegar y besar el santo. San Fermín, que da sorpresas, provoca y, si es preciso, pone en órbita un torero. Sin ir más lejos, éste mismo. El Tendero de Albacete. Hay otro Tendero de Ciudad Real, novillero en edad de merecer. El Tendero original, que tomó hace cinco semanas la alternativa en Madrid y en un rebote, apareció por Pamplona de rebote también. Sin haberse anunciado: convaleciente todavía, se cayó El Fundi del cartel. Entre un manojo de aspirantes a la sustitución, la Casa de Misericordia apostó por la frescura y la novedad. Por Miguel Tendero, que se ganó en Madrid un nombre, un crédito y un sitio. El día de la alternativa, que no estaba anunciada tampoco. Una sustitución de El Fundi. Esos son golpes del destino.
Y éste de Pamplona, otro. Del destino, que le llevó a Tendero a las manos el toro más propicio de la corrida, el último de los seis de Alcurrucén. Y el golpe que cuenta: el que pegó el torero con armas tan elementales como la determinación, el valor, la osadía, el descaro, la ambición, la listeza y también la inteligencia. Y el sentido del temple, sin el cual es prácticamente imposible. La presencia de Tendero fue, desde el compás primero, puro desparpajo: lances en los medios para fijar de salida al toro de su debut en Pamplona, de seria guadaña e impropio estilo. Como coceó un burladero en circense cabriola, pareció toro loco. Les pasa a algunos de los que corren el encierro. Lo corren todos los toros que vienen aquí a morir, pero no a todos se les queda en la memoria el traqueteo culebrero de ese ciego kilómetro del encierro de Pamplona. Sin fijar del todo, el toro estuvo de pronto metido en los vuelos del capote de Tendero. Un golpe de autoridad.
Y estuvo después metido en la muleta del propio Tendero, que, sencilla pero eléctrica entereza, estuvo puesto ya en el primer muletazo, tirando del toro en el segundo, convenciéndolo enseguida. Buen hacer. Parecía más sencillo de lo que en realidad era. Ligadas cuatro tandas, dos por cada mano. Gobernado el toro cuando hubo que empujarlo, según certero término en boga. Porque el toro, picado atrás, no metió los riñones cuando hubo que hacerlo. A toro parado, Tendero se metió entre pitones, inmensa la cara del toro. Y en terreno resbaladizo se encajó: péndulos insultantes de la marca Dámaso, trenzas, toro sumiso cuando sacó el torero el látigo. Con plaza volcada, sin embargo, se resistieron la espada y el espadachín, que no pasó ni una vez. Cuatro pinchazos, un aviso y un descabello.
Si una oreja es un triunfo, se esfumó la oreja. No el triunfo. Ni el torero, que salió después todavía más arrancado. Arrebatado, no a locas. Un sexto toro que tenía la cabeza encajada como a tuerca: muy despegada la papada del cuello, como los antiguos toros de Murube. Un toro ensillado hasta la exageración. Y armado de afiladas bayonetas. Lidiaron, picaron y banderillearon al toro como si fuera el dragón de las leyendas. Se quedó enhebrada la vara del segundo puyazo, los capotazos a la defensiva fueron feroces. Tendero se había estirado en lances a pies juntos encajados, templados y limpios.
Y, luego, sin temor de que el toro se insolentara, vino el famoso “¡Vámonos...!” del toreo de ahora: de echarse adelante, asentarse sin miedo, ponerse donde hay que ponerse para que embistan todos los toros y, lo más importante, templarse. Sacar a pulso los brazos, engañar en el mejor sentido de la palabra al toro, ligarle tandas de cuatro y cinco sin perderle pasos, traerlo y llevarlo a compás. Como el toro estuvo tan levantado, nada de eso era sencillo. La gente de sol y de sombra, la plaza toda se metió en la faena al ritmo que marcaron el torero de Albacete y el toro, que fue de generosos viajes por las dos manos. Y noble. Hubo acuerdo. Majeza y buen toreo. Por una mano y otra. Y la emoción de una cogida aparatosa cuando Tendero remataba faena con manoletinas. Tras la cogida, un desplante. O más. Puro dominio. Y, ahora sí, una estocada de no perdonar, porque, sin una oreja, esta sobresaliente salida de Tendero en Pamplona no iba a contar tanto. Ni a ser contada tampoco.
Bolívar pareció incómodo por un latoso imprevisto: tras la baja de El Fundi, tuvo que abrir cartel y corrida. El viento lo estuvo castigando durante el manejo de un bellísimo primer toro que, con los atributos y el trapío mejores del toro de Núñez, quiso más que pudo. Con seriedad. El cuarto fue el de peores nota y hechuras de la corrida: andarín, distraído, cobardón, mirón, no dio ninguna alegría. A los dos toros los mató Bolívar a la primera, pero no por arriba. Salvador Cortés estuvo firme y dispuesto con dos toros distintos. De menos a más los dos: un segundo frenado pero noble y un escandaloso quinto, berrendo y barrigudo, como los patasblancas de Cobaleda, pero que también tuvo nobleza. Le faltaron otras virtudes. No ésa. Y lo que a Cortés le sobró de coraje, le faltó en cambio de cabeza para medir las faenas. O las distancias que pedían los toros: mucha el segundo; no tanta el quinto. Tanto tesón y tan valeroso empeño no tuvieron recompensa. No rodaron las cosas. No salieron redondas.
PAMPLONA. Crónica de Juan Míguel Núñez: "Enrazada actuación de Tendero: una oreja en su debut en Pamplona"Pamplona, 7 jul (EFE).- El debutante Miguel Tendero cortó una oreja,la primera del ciclo de corridas de a pie, por una enrazada faena altoro menos malo de un deslucido encierro, hoy en Pamplona.
FICHA DEL FESTEJO.- Toros de Alcurrucén, con presencia aunque connotables desigualdades. Serios y astifinos, noblones y de poco juego.El tercero tuvo mejor condición, pero sin llegar a "romper"; y elsexto, el mejor, humilló de verdad, y desplazándose, aunque a menos.Luis Bolívar: bajonazo (silencio); y bajonazo (silencio tras aviso).
Salvador Cortés: metisaca y estocada baja (aviso y silencio); ypinchazo y estocada casi entera perpendicular y descabello (silenciotras aviso).
Miguel Tendero: tres pinchazos, media tendida y descabello (silenciotras aviso); y estocada (una oreja).
La plaza tuvo lleno de "no hay billetes" en tarde agradable.
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SOLO UN TORO POTABLE
Buen estreno de Tendero en "San Fermín", con una oreja, teniendo encuenta el principal condicionante de esta feria, el toro
exageradamente fuerte, término que hace referencia a la presentación,sobre todo a los pitones, astifinos, supuestamente intactos. El torosin "afeitar", que por desgracia es poco frecuente fuera de aquí y deplazas como Madrid, Sevilla y Bilbao.
Tendero, que entró a última hora en el cartel por la vía de lasustitución al estar "Fundi" lesionado, ha matado dos toros de aquí teespero. Eso ya es importante. Y además ha triunfado. Sigue por tantoen ascenso la ilusionante carrera que dio comienzo cuando tomó laalternativa, nada menos que en Madrid y hace apenas un mes.
Oreja en el sexto de corrida, en el penúltimo suspiro de una tarde sinapenas contenido. Por eso hay que apreciar aún más el triunfo.Tuvieron que darse algunas circunstancias para ese reconocimiento. Fuedecisiva, por ejemplo, la espeluznante voltereta en el epílogo defaena, saliendo prendido el torero por la faja, zarandeado duranteunos segundos de verdadera angustia. Lo cogió para matarlo, pero nopasó nada.
Contó también la espada: un estoconazo y de "Alcurrucén" patas arriba.Y no hay que olvidar, por ultimo, que fue el toro más potable condiferencia de los seis, requisito fundamental para que la faena sedesenvolviera en parámetros distintos y muy mejorados respecto a losde las cinco anteriores.
El toro no apuntó nada bueno en los dos primeros tercios, entrando alcaballo al relance, "acostándose" y empujando con un solo pitón. Tuvo"guasa" en banderillas, obligando a pasar o en falso o dejando un solo"palo".
Sorprendentemente cambió a bueno en la muleta, desplazándose por abajoy con largura. Tendero le cogió enseguida la distancia, la velocidad yla altura, premisas fundamentales para una buena conjunción entre toroy torero en las tres primeras tandas.
Pero duró poco la esperanza. El animal empezó a pararse. AunqueTendero, motivado por su propia raza, no renunció a seguir "ahí". Enunas manoletinas finales llegó el volteretón. Ni se miró, yéndose otravez al toro, descarándose en un singular y oportunísimo desplante. Laplaza enardecida. Sobre la marcha montó la espada. Y estocada letal.Cayó la oreja que compensó todo.
Pues el resto de corrida resultó un suplicio para toreros y público. Yeso que tampoco fue malo del todo el tercero, que iba y venía connobleza aún faltándole un tranco en la embestida. Tendero había puestoganas y pegó buenos pases, aunque aislados. Aprovechó que el toro seapagaba para un parón que, sin embargo, no pasó del proyecto. Faenalimpia, valerosa, bien concebida y estructurada, pero con escasaaportación del toro.
El primero de Bolívar salió frenándose y echando las manos pordelante. Manseó en el caballo, y en banderillas estuvo reservón ydistraído. Citó Bolívar al principio de faena en la distancia larga,pero sin respuesta del toro. Tampoco en las cercanías. Bolívar lointentó aunque poco convenido.
El cuarto, otro que "no sirvió", como buen manso tomó el segundopuyazo en el picador de puerta, y obligó al buen banderillerocolombiano Gustavo García "Jeringa" a dejar "los palos" lo que se dice"rejoneando", es decir, de uno en uno y alargando el brazo al tiempode poner pies en polvorosa. En la muleta no pasó de las mediasarrancadas y a empellones. Naturalmente hubo sólo medios pases y sinhilván. Se frenaba mucho, se volvía..., y bastante hizo Bolívar conintentarlo.
El primero de Cortés derribó, asustándose de su propio estropicio yhuyendo de los capotes que le salían al paso. Manso sin paliativos,esperó en banderillas, y en la muleta duró sólo dos tandas por elderecho y echando la cara arriba. Cortés lo intentó, muy encima, muyfirme, robándole los pases de uno en uno. No dejó poso el trasteo, tanlargo que sonó el aviso antes de montar la espada.
El quinto disimulaba su falta de trapío con una descarada cornamenta.Hizo sonar estribos, y para abundar en sus defectos fue mal lidiado ypeor banderilleado. Le costó desplazarse, punteando, con embestidacorta y discontinua. Tan mala aptitud impuso demasiadas pausas altesonero trasteo de Cortés. EFE
PAMPLONA. Crónica de José Luis Merino: "Un joven con ganas.
La tarde discurría por una hora y pico de aburrimiento y vulgaridad. La corrida de Alcurrucén era descastada, mansa, sin un átomo de bravura, una bueyada apestosa. Con sus fachadas de buena apariencia, los toros no tenían nada dentro. Kilos de gomaespuma para el carnicero. Hasta el último toro todo consistía en toparse con un áspero negro muro...
Fue en el sexto, cuando el joven Miguel Tendero toreó muy bien de capote. Bastaron unos lances y un par de chicuelinas ajustadas, para que se encendieran los ánimos tristones de lo que iba de festejo. Con la franela el diestro albaceteño toreó con las dos manos con arrojo y ganas. Tuvo la cualidad de ligar los pases y cuando no podía lo intentaba. Le ponía la muleta muy cerca del toro, encelándole hasta obligarle a pasar. Tras unos pases circulares y unas manoletinas -de la que salió volteado en una de ellas-, se fue con decisión tras la espada, y le enjaretó una gran estocada. Como premio se ganó una merecida oreja.
La diferencia con sus compañeros de terna es que, tanto Luis Bolívar como Salvador Cortés, en especial este último, dejaron ver su poco entusiasmo y entrega. Cierto que los toros no valían nada, sin embargo la profesión de toreros cabales les obligaba a dar lo mejor de sí pese a todos los inconvenientes. Estuvieron los dos muy mal, o, si se quiere, tan mal como la incalidad de las reses lidiadas.
Mal empieza la feria del toro de Pamplona. Porque decir Pamplona es esperarlo todo del capítulo de las reses. Al menos ayer el público no tuvo que regalar orejas como es su costumbre. Lo hemos dicho alguna vez: entraña una gran dificultad pedir seriedad y rigor a un público que vive la fiesta con vitalísimo ardor; donde la tríada de la boca (cánticos-manduca-bota de vino) se alza como una diosa hedonista cada tarde sanferminera. Sería como lanzar cubos de acíbar sobre la rebosante multitud.
Insistimos que ayer el público no tuvo necesidad de ese regalamiento de orejas, porque ni los toros ni los toreros dieron pie para la orgía de apéndices, salvo Miguel Tendero que se ganó una oreja a ley. Este muchacho está pidiendo a gritos un puesto en las mejores ferias. Su decisión y arrojo le van a proporcionar tardes de triunfo. Al menos estuvo en la tesitura de atesorar deseos de ser figura del toreo. El tiempo dirá todo lo demás. El tiempo y el viento de la suerte, esa cosa tan preciosa que tanto aspiran y aman los toreros. Que sus futuras actuaciones ponga en sus muletas la palpitación del mejor de los besos imaginables.
Realmente lo de los toros de ayer de Alcurrucén es para pensarlo. Pamplona y su trayectoria extraordinaria de los últimos años en cuanto a toros, no se merece el manchón de ayer. De poco ha de valer el empeño de la Casa de Misericordia en llevar una línea rigurosa en la conformación de los carteles, para que venga un ganadero y deje sobre el coso pamplonés aquellas ruinas de toros. En otras plazas pueden servir los fiascos como el de ayer. En Pamplona eso tiene que estar rigurosamente prohibido por el buen nombre de la fiesta brava.
PAMPLONA. Crónica de Juan Posada: "Oreja a las ansias de Tendero".
El joven Miguel Tendero, que se llevó el mejor lote, demostró sus ganas de ser torero. Aunque le faltan muchos detalles que pulir, pero la base, el valor, es firme. Aprovechó las cortas buenas embestidas del sexto y, cuando menguaron, se la jugó pisando un terreno difícil, sufriendo una fuerte voltereta. La estocada, a tumba abierta, como debe ser, base del triunfo.
Bolívar luchó con dos toros con peligro y mostró que está preparado para mayores aventuras. Cortés, pundonoroso, abusó de faenas largas y de torear demasiado en línea por lo que no llegó con fuerza a los tendidos. Bolívar se mostró valiente con el primero de corta y violenta embestida. El fuerte viento no lo dejó estar a gusto aunque la res tampoco. Arriesgó sobre todo con la izquierda, lado por el animal peor iba. Labor decidida, sin llegar al gran público a causa de la poca vistosidad, por otro lado imposible, del trasteo. Con el manso cuarto, que comenzó embistiendo con la cara alta y terminó intratable, estuvo valiente e inteligente. No era fácil estar delante de él puesto que acudía al paso fijándose en todo menos en la muleta. Tardó en igualarlo al pasarse de faena.
Salvador Cortés aprovechó la bondad, que no la bravura, del segundo al que administró una larga faena por ambos pitones que, en algunos momentos, tuvo respuesta del personal de sombra. Los mejores muletazos, por meritorios, los naturales en los que le buscó el pitón contrario y se templó con él, sin permitir que le enganchara el engaño. Al manso y soso quinto le dio muchos pases y consiguió que, por unos instantes, el animal alargara las arrancadas. Pero necesitaba que lo achuchara, cruzándose más al pitón, buscándole las cosquillas. Esperó a que el toro repitiera las embestidas y se equivocó. La faena indicada era corta y vibrante, no tan larga.
Tendero, todavía muy nuevo, inició su faena al buen tercero con muletazos por bajo para continuar con la diestra con el defecto, que no abandonó en toda la faena, de torear en línea. Por ello, al no cruzarse ni «arrebujarse», restó emoción a los muletazos que dio. Las dos tandas con la izquierda, rematadas hacia fuera, tampoco calaron demasiado. Labor valerosa, clásica de torero nuevo. Lo corroboró cuando de salida lanceó a pies juntos al buen sexto, con el que estuvo muy acoplado. El mérito, a parte del valor, en dejar la muleta ante el hocico y templarse con la arrancada. Cuando el toro bajó, atacó, muy cruzado, como debe ser. Los naturales, valientes a pesar de que el animal ya no colaboraba. Faena decidida con muy buenos pasajes manoletinas finales, que le costaron una voltereta, producto de sus ansias de triunfo. Gran estocada.
PAMPLONA. Crónica de Zabala de la Serna: "Tendero quiere ser torero".Cuando todo se precipitaba por el barranco de la debacle de una crónica sin titular, salieron el sexto y Miguel Tendero conjugados. ¡La salvación! El toro de Alcurrucén fue el de mejor nota en el caballo y el de mayor capacidad para humillar y Tendero puso la raza que le faltó a la corrida. Y es que Miguel Tendero quiere ser torero.
Era la tarde de las sustituciones. Alcurrucén por Peñajara y Miguel Tendero por El Fundi. Y a los que hemos apostado por el novel matador albaceteño desde novillero nos van saliendo las cosas. Bien.
Saludó Tendero al último por chicuelinas y se empleó el toro en el peto como ninguno. Ni picado en orden ni lidiado en son. Pero el chaval lo abrió un poco más allá de la raya toreramente. Ahí era. Le arrastró la muleta con la mano derecha en series de largo trazo. Un par. No más, que fue lo que duró el núñez de los Lozano. Prórroga por la izquierda, y un natural sensacional. Cercanías y arrimón a calzón quitado. En las manoletinas de cierre le destrozó el toro la taleguilla en una izada criminal. La estocada y la emoción le entregaron una oreja de esperanza y ley. Bendito sea el trofeo.
La misma fibra había derrochado Miguel Tendero con un tercero colorado, ojo de perdiz, de muy amplia cuerna. Más amplias las sienes que el desplazamiento siempre frenado, apoyado en las manos. Muy cabal la muleta presentada por delante, y escaso desarrollo del toro, con la cara rebotada por encima del palillo.
La tónica de la corrida respondió siempre sobrepasando las muletas, sin descolgar apenas nada o menos. Y para colmo el lote de Luis Bolívar lo hacía con guasa reservona. Sobre todo el caballuno cuarto, un jaco de 610 kilos armado de pitones y sentido gazapón. Desagradable por doquier. De ésos que no sabes por dónde meterle mano. Y en otra proporción el que estrenó la tarde. «Muslero», hijo de «Muslera», una vaca especial... Salvo las hechuras, nada que ver con la madre que lo parió. Ni se desplazó, ni humilló. Y se puso perro por la zurda. Luis Bolívar le tiene cogido el sitio a los blandos...
Tontón, como el GPS, se movió el largo segundo. Desorientado y huidizo de salida como todos, tampoco centrado por las llamadas de cuatro capotes en el redondel. Uno, dos y tres y... De caballo a caballo se picó. Salvador Cortés le realizó una faena a su altura: pitones por la mano y no a los vuelos. Tan deseosa la cosa como espesa. Y la espada no arregló la historia hasta los dos avisos. La capa, o pinta, del quinto resultaba llamativa y espectacular: bragado y calcetero. Las dagas daban pavor. Lo mismo debió pensar Cortés. No se vio más. La mansa corrida de Alcurrucén fue sensacional para el encierro.
PAMPLONA. Crónica de José Antonio Del Moral: "Valiosa oreja para Tendero en una imponente mansada de Alcurrucén.De no haber pinchado a su primer toro, hasta pudo cortar otra. Su enorme disposición, su natural capacidad de templar y la torería que le adorna destacaron con notoria diferencia en una tarde por lo demás muy aburrida. Finalmente, triunfó el de Albacete ante el más potable sexto que le cogió dramáticamente al final de su arrojada faena. Lejos de amilanarse, volvió raudo a la cara del toro para matarlo pronto y bien. Salvo la excelente impresión que dio Tendero que vino a sustituir a El Fundi y aprovechó sobrado la oportunidad, ni Luís Bolívar ni Salvador Cortés lograron lucirse aunque ambos mostraron ganas, sobre todo el sevillano. La imponente seriedad y variada fachada de la corrida de Alcurrucén no pudo tapar su descastada mansedumbre.
Plaza de toros de Pamplona. 7 de julio de 2009. Segunda de feria. Tarde fresca con lleno y viento muy molesto durante la primera parte del festejo. Seis toros de Alcurrucén de variada e imponente presencia aunque en su mayoría fuera de tipo además de mansos y descastados en distintos grados de manejabilidad. Los más potables fueron el tercero y el sexto aunque ambos sin clase y escasa duración. Los peores por más parados y aviesos, primero y cuarto. Y el lote medio aunque también muy deslucido, el formado por el segundo y quinto. Luís Bolívar (grana y oro): Estocada baja, silencio. Sartenazo, aviso y silencio. Salvador Cortés (celeste y oro): Metisaca envainado, estocada baja y descabello, dos avisos y silencio. Pinchazo, casi entera delantera y descabello, aviso y silencio. Miguel Tendero (blanco y oro): Tres pinchazos, media tendida y descabello, aviso y silencio. Estoconazo algo atravesado, oreja.
Aunque apenas conocido por estos lares – mucha gente preguntó de quien se trataba -, Miguel Tendero se hizo presente con evidente y envidiable disposición frente al tercer toro de una tarde que, hasta ese momento, había transcurrido en medio del aburrimiento a cuenta de unas reses tan impresionantes como inapelablemente mansas. Más manejable su primer enemigo que los hermanos anteriores aunque lo pareció también gracias al valor, a la firmeza y, sobre todo, al temple del nuevo matador de Albacete, la verdad es que tanto con el capote como con la muleta, anduvo inequívocamente resuelto y, tan por encima del toro, que a poco estuvo de cortar una primera oreja pese a la frialdad del público de sombra – los de sol, permanecieron a lo “suyo”, por cierto sin ninguna gracia, sosos y repetitivos - que, durante la meritoria y muy torera faena, apenas se percibieron de lo que hizo el sustituto de El Fundi. Los pinchazos que pegó antes de terminar con el toro enfriaron más los ánimos y la corrida siguió transcurriendo sin mayor interés que las ayer tímidas ganas de Luís Bolívar – tuvo que enfrentarse a un lote prácticamente imposible - y, sobre todo, de Salvador Cortés en busca de un nuevo éxito en Pamplona que, desgraciadamente, no llegó.
Mientras más arreciaba el viento, el primer toro derrotó siempre muy alto al final de sus cortísimos viajes y como en tales circunstancias costaba tanto bajarle la mano, Bolívar se vino abajo terminando algo desbordado cuando el animal hizo hilo con el colombiano que, al menos, mató pronto con un bajonazo ciertamente habilidoso y efectivo. El segundo pasaba algo más por el lado derecho pero sin humillar nunca y Salvador Cortés se eternizó en una faena que llegó a cansar al público, finalmente desentendido por lo mal que mató. Otro tanto o peor sucedió con Bolívar ante el mansísimo boyancón que se corrió en cuarto lugar mientras la gente merendaba sin prestar atención a su infructuoso devaneo muletero, hasta que, de nuevo, mató con otro espadazo casi en el brazuelo tras pasar no pocos apuros para que el toro cuadrara convenientemente porque siempre estuvo más pendiente del torero que de su muleta. Otro aviso escuchó Cortés con el atípico berrendo y destartalado quinto que, a duras penas, medio se dejó sin humillar ni rematar por el lado izquierdo. El sevillano volvió a eternizarse y a fallar con el acero.
Con lances a pies juntos, chicuelinas y revolera recibió Miguel Tendero al sexto, más vivo y encastado que los anteriores, como también más posible en la muleta por el lado derecho que fue por donde más se aplicó el de Albacete, todavía más dispuesto e ilusionado que ya lo había estado antes. Muy pronto prendió su actitud en el público porque el vistoso y ligado inicio de faena no fue para menos. El temple, el sabor de los muletazos y los que siguieron, tres tandas por redondos dejando siempre la muleta puesta muy por delante que alargó cuanto pudo aunque algo por las afueras al citar para cada una, terminaron de convencer totalmente al público que las subrayó con fuertes ovaciones. Tendero apuró luego los terrenos porque el toro perdió brío y, tras un arrimón ahora tan de moda, se dispuso a pegar varias manoletinas en terrenos demasiado comprometidos, saliendo dramáticamente prendido de la segunda sin que por milagro resultara herido.
Con raza propia de los valientes de verdad volvió a la cara del serísimo animal y como esta vez se tiró a matar con incuestionable decisión, logró enterrar la espada en buen sitio y, aunque la estocada quedó algo atravesada, el toro tardó poco en doblar, repitiéndose las ovaciones al tiempo que un mar de pañuelos invadió los graderíos. La presidencia concedió la muy solicitada oreja que Tendero paseó encantado. No era para menos. Esta oreja le va a servir de mucho. Andaba casi sin contratos pese a lo que gustó el día de su alternativa en Madrid donde actuó también para sustituir y, como ayer en Pamplona, aprovechó la oportunidad pese a que tampoco fue fácil resolver la papeleta. Pocos días después actuó junto a Ponce y a Manzanares en la corrida de Asprona en Albacete y resultó herido en un brazo por un toro complicadísimo. Creo que reapareció ayer, tan seguro de sí mismo como viene ocurriendo en cuanto le ponen. Ya son varios golpes cantados en plazas nada fáciles. Veo, pues, más que seguro su futuro y espero que pronto podremos confirmarlo definitivamente.
Tendero, un becario, corta oreja imposible". Por Pedro Javier Cáceres. DIARIO NEGOCIO.7 de julio, “San Mansín”. Le llaman la Feria del Toro; y es media verdad: la feria el toro “grande”, muy grande y generalmente manso. Se parte de una talla XL, mínimo, y muchos cuernos: tal como se inspiró la película la Trastienda, opera prima del cine de destape inspirada en “sanfermines”.
Corrida de Alcurrucén, amplia y cornuda…y mansa. Sustituía a la de Peñajara tras el sonoro fracaso de San Isidro, con el ganadero infiltrado en el 7, aduciendo el desastre a la gripe A.
Debutó Miguel Tendero (sustituía a El Fundi) pasando la prueba de la decisión y las ganas con animal soso por parado y sin celo. Con la espada se afligió. No así en el sexto en que se la jugó, con espada y muleta ante un toro con algo de más movilidad y al que con temple, no le quitó la muleta de la cara para provocarle repetir. Se jugó una voltereta de torero que quiere ser y cortó una oreja en tarde que parecía inverosímil.
Bolívar sorteó, para abrir plaza, un animal cinqueño de arrancada bronca, corta y con la cara a media altura. El colombiano pecó de esperarle con la muleta retrasada y consentirle su altura con tropiezo tras tropiezo. Surgió el viento, y se “llevó” cualquier atisbo lucido. Mató abajo. El cuarto no sirvió ni para capea. Bolívar se justificó con oficio; hasta llegado un bajonazo que deslegitimó el esfuerzo.
Poco toro de cuajo y condición fue el segundo. Salvador Cortés le cogió el punto de velocidad para hacer un trasteo voluntarioso y limpio. Dos estocadas deficientes. No mejoró el quinto la mansa y nula condición de la corrida. Cortés estuvo mucho tiempo en la cara del toro, con aseo pero sin chance.